Liars es un grupo de rock experimental formado en Brooklyn en 2000, asociado desde muy pronto al borde más inquieto del resurgir post-punk neoyorquino, aunque nunca encajó del todo en esa etiqueta. Desde el inicio, el proyecto trató el rock, el ritmo y el trabajo de estudio como materiales inestables, moviéndose del dance-punk anguloso hacia la percusión ritual, el ruido, la electrónica y formas de canción más austeras.
La formación inicial suele vincularse sobre todo a Angus Andrew, Aaron Hemphill y Julian Gross, con Andrew como figura fundacional y única presencia constante a lo largo de las distintas etapas del proyecto. Esa continuidad es importante porque la discografía de Liars funciona menos como una identidad fija de banda que como una secuencia de reinvenciones marcadas por la voz, el clima y el impulso de ruptura de Andrew.
Su debut, They Threw Us All in a Trench and Stuck a Monument on Top, apareció en la primera ola del rock de guitarras neoyorquino de comienzos de los 2000, pero ya se desmarcaba de los relatos revivalistas más limpios. El disco tomaba elementos del dance-punk y de la energía no wave, aunque sus grooves resultaban abrasivos, inestables y poco dados a la complacencia.
En lugar de consolidar ese sonido, Liars giró con fuerza en su siguiente gran movimiento. They Were Wrong, So We Drowned empujó al grupo hacia un lenguaje más fragmentado, percusivo y conceptual, a menudo relacionado con imaginarios de folclore, histeria y ritual colectivo. Fue un cambio que dejó claro que Liars prefería la transformación a la fidelidad de escena.
Ese impulso alcanzó una forma especialmente celebrada en Drum's Not Dead, un álbum construido alrededor del ritmo, la atmósfera y una mitología interna propia. Su énfasis en la batería, la repetición y la textura dio al grupo una nueva fisicidad, conectando la abstracción art-rock con algo corporal y casi ceremonial.
Para Liars, el grupo volvió a desplazarse, esta vez hacia un ataque rock más directo aunque igualmente dañado y tenso. Suele considerarse una de las piezas centrales de su catálogo porque concentra muchas de sus virtudes: tensión, ruido, repetición y una negativa constante a dejar que los ganchos se acomoden del todo.
Sisterworld amplió ese lenguaje hacia un terreno más pesado y psicológicamente claustrofóbico. En esta etapa, Liars se consolidó como una banda de discos muy autocontenidos, cada uno con sus propias reglas, más interesada en construir mundos que en prolongar una fórmula reconocible.
Más adelante, el proyecto se internó con mayor decisión en territorios electrónicos y sintéticos. Álbumes como WIXIW y Mess exploraron ritmos programados, estructuras mínimas y un registro emocional más frío y descentrado, sin abandonar la incomodidad y la volatilidad que habían definido al grupo desde el principio.
Ese giro electrónico no borró la raíz rock de Liars; más bien subrayó hasta qué punto el ritmo y la textura siempre habían sido centrales en su música. Incluso cuando las guitarras perdían peso, seguía presente el mismo interés por la fricción, la repetición y las formas desestabilizadas.
Con el paso del tiempo, Angus Andrew fue quedando cada vez más como presencia central de Liars, y los lanzamientos posteriores reflejaron ese cambio de estructura. TFCF y trabajos siguientes presentaron un marco más solitario, pero conservaron intacto el núcleo del proyecto: escritura oblicua, aspereza emocional y rechazo a repetir el pasado de manera cómoda.
El lugar de Liars en la música underground del siglo XXI se explica en parte por esa negativa. Surgieron junto a bandas agrupadas bajo etiquetas como dance-punk o post-punk revival, pero su discografía desbordó de forma constante esas categorías, tocando el rock experimental, texturas industriales, minimalismo electrónico y una sensibilidad cercana al arte performativo.
Dentro de un contexto editorial amplio, atento al breakbeat, al bass y a las músicas guiadas por el pulso, Liars importa menos como nombre de género que como fuerza vecina en la experimentación rítmica. Su obra volvió una y otra vez a la batería, al pulso, a la tensión y al diseño físico del sonido, y por eso sigue siendo una referencia útil en los márgenes donde se cruzan punk-funk, ruido y pensamiento electrónico.
Más de dos décadas después de su aparición, Liars sigue identificado con la reinvención como método. Pocos grupos de su generación se movieron con tanta libertad entre la abrasión bailable, la percusión ritualista, el rock dañado y la electrónica esquelética manteniendo una firma emocional tan reconocible.